Lo había dejado claro y Kankuro prefirió no insistir, le había convencido. Además aquella, fue la primera vez que le vio sonreír de verdad, sin ningún tipo de malicia en sus ojos, sin rencores ni odio, ahora estaba seguro. Había recuperado a su hermano. Después de contemplar la puesta de sol, volvieron a la aldea en silencio, recordando las últimas palabras que su hermano había dicho: “…para convertirme en el Kazekage” Pero enseguida pensó que no iba a ser una tarea fácil, él desde luego ya estaba convencido, pero ¿qué iba a pensar la gente de la aldea? desde luego no sería una tarea ni un objetivo que se pudiese realizar de la noche a la mañana, y más teniendo en cuenta que todo el mundo le odiaba. No, no iba a ser fácil, pero lo que estaba claro, era que ya podía contar con la ayuda de un hermano, bueno, de dos.
A la mañana siguiente en la cocina, Kankuro habló con Temari y la contó todo lo que Gaara le había dicho, y al finalizar, Temari casi no podía salir de su asombro.
- ¡¿Kazekage?! Pe… pero ¿en qué estará pensando?
- ¿Quién sabe? Aunque es mejor así, por lo menos ahora tiene un buen objetivo - sonrió satisfecho Kankuro mientras se metía rápidamente una tostada untada en mermelada entera en la boca.
- Ya pero me refiero… en fin que ¡no va a ser nada fácil! piensa en la opinión que la gente tiene ahora de él, del miedo que ha infundido durante años a esta aldea y…
- Pof tendránf que cambfiar de idea
- …además - continuó Temari sin tener en cuenta que su hermano hablaba sin tragar - también en su día por su culpa hubo hubo…
- ¿Víctimas? - respondió Gaara plantado de brazos cruzados en la puerta de la cocina. Ninguno de sus hermanos le había oído llegar y enseguida Temari levantó las manos y unas gotas frías de sudor recorrieron su nuca.
- ¡Ah! No, yo… no quería decir… jeje, bueno verás es que claro…
- No hace falta que sigas - dijo Gaara seriamente mientras se dirigía hacia la nevera. Tras una gran pausa de incómodo silencio y coger un zumo, Gaara se sentó en una silla, pero no miraba a sus hermanos directamente a los ojos, como era su costumbre, sino que musitó en voz baja - Ya se lo que tengo que hacer, no puedo cambiar el pasado pero…
- ¿Pero? - insistió Kankuro. Temari le dio un codazo en las costillas para que se callase.
- Puede que no os vaya a ver en un tiempo - dijo al fin - Finalmente yo… tendré que pagar por todo el daño que hice.
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