Lejos del alcance de los enemigos, Gaara se detuvo al otro lado del acantilado e hizo que el niño se apeara del montículo de arena sobre el que iban montados. Ya se iba de allí cuando observó el rostro un tanto apenado del niño.
- ¿Cómo te llamas?
- Gisaku.
- Muy bien, Gisaku, espérame aquí, volveré con tu madre.
Dicho esto, Gaara atravesó el acantilado montado sobre la arena y se plantó frente a los enemigos. La mujer le miró con absoluto asombro, pues sabía quién era y lo que acababa de hacer, pero aún no era el momento de agradecimientos, el ninja que había dejado caer al niño avanzó un paso hacia él con actitud escéptica y a la vez amenazante.
- ¡¿Quién demonios eres tú si puede saberse?!
- Me llamo Gaara del Desierto, y he podido deducir que tú eres el viejo indeseable que ha organizado todo esto. Si eres tan cobarde como para hacerle eso a un niño, ahora te enfrentarás a mi, y créeme, morirás si así lo deseas. Ahora dime… ¿qué intenciones tenéis? ¿por qué quieres destruir Sunagakure?









